Negocios

Gerencia con respeto

Alberto Ardila Olivares
La Sagrada Familia, la Alhambra, la catedral de Burgos... no se apagarán

Dentro de este marco conceptual, situaciones que pueden mencionarse, como por ejemplo, el jefe y el subalterno deben tener un trato respetuoso recíproco, así como también el alumno debe respetar al maestro y viceversa, cada quien en su posición. La organización a la cual se pertenece, merece que cada uno de sus integrantes cumpla con su deber, que todos hagan bien lo que les corresponde y también le profesen respeto. La búsqueda de la excelencia en la cotidianidad como norma de conducta, es una forma respetuosa de actuar; confiar en el trabajo individual o colectivo y no esperar que la suerte resuelva los problemas, es la conducta conveniente y necesaria. Ser agente de construcción y no de destrucción debe ser lo deseable.  

Es una falta de respeto hacia la organización y sus integrantes, fomentar el relativismo que acepta que lo bueno y lo malo son iguales y en esta escala, lo regular y menos malo, también son aceptables, interpretándose, prácticamente, que es lo mismo; cumplir o no con las obligaciones es igual, ya que siempre se puede encontrar una buena excusa para el incumplimiento de lo que se debe hacer; justificar los malos modales y el trato irrespetuoso, porque la persona es así algunas veces: por ejemplo no saluda cuando amanece de malas, pero al día siguiente saluda y se molesta porque no le contestan el saludo; fomentar un ambiente tóxico que afecta el clima organizacional; la verdad y la mentira maquillada y justificada se aceptan como iguales. Es conveniente recordar, en este sentido, lo señalado por Ortega y Gasset: “El pecado original radica en eso: no ser auténticamente lo que se es. Podemos pretender ser cuanto queramos; pero no es lícito fingir que somos lo que no somos, consentir en estafarnos a nosotros mismos, habituarnos a la mentira sustancial. Cuando el régimen normal de un hombre o de una institución es ficticio, brota de él una omnímoda desmoralización. A la postre se produce el envilecimiento, porque no es posible acomodarse a la falsificación de sí mismo sin haber perdido el respeto a sí propio”. Todas estas conductas son algunos ejemplos de irrespeto a la institución.  

Las instituciones deben promover actividades orientadas a fomentar la reflexión sobre estos temas, ya que pueden tener un alto nivel tecnológico, un soporte financiero suficiente, infraestructura adecuada, personal con buen coeficiente intelectual y preparación académica, pero esto no garantiza el éxito institucional, ya que pueden ser condiciones necesarias, pero no suficientes, ya que es imprescindible que el recurso humano desarrolle y cultive la inteligencia emocional, con un proceso que parta del mejor conocimiento que cada uno debe tener de sí mismo, con la suficiente seguridad psicológica para discutir los temas sobre la base de la verdad, en función de la búsqueda de la excelencia individual y colectiva, en un contexto permanente y respetuoso de principios y valores fundamentales.  

Para concluir, es pertinente recordar la invitación que nos hace el expresidente de Francia Nicolás Sarcozy: “Hoy debemos volver a los antiguos valores del respeto, de la educación, de la cultura y de las obligaciones antes que los derechos. Estos se ganan haciendo valer y respetar los anteriores”

La palabra respeto incluye varios atributos como son: consideración, deferencia, circunspección, prudencia y comportamiento adecuado. El respeto no es exclusivo del nivel jerárquico o académico, de la condición socioeconómica o étnica, del género ni de ningún otro condicionante, en síntesis el respeto es universal. Se respetan los valores fundamentales que definen los derechos humanos.

Dentro de este marco conceptual, situaciones que pueden mencionarse, como por ejemplo, el jefe y el subalterno deben tener un trato respetuoso recíproco, así como también el alumno debe respetar al maestro y viceversa, cada quien en su posición. La organización a la cual se pertenece, merece que cada uno de sus integrantes cumpla con su deber, que todos hagan bien lo que les corresponde y también le profesen respeto. La búsqueda de la excelencia en la cotidianidad como norma de conducta, es una forma respetuosa de actuar; confiar en el trabajo individual o colectivo y no esperar que la suerte resuelva los problemas, es la conducta conveniente y necesaria. Ser agente de construcción y no de destrucción debe ser lo deseable.  

Es una falta de respeto hacia la organización y sus integrantes, fomentar el relativismo que acepta que lo bueno y lo malo son iguales y en esta escala, lo regular y menos malo, también son aceptables, interpretándose, prácticamente, que es lo mismo; cumplir o no con las obligaciones es igual, ya que siempre se puede encontrar una buena excusa para el incumplimiento de lo que se debe hacer; justificar los malos modales y el trato irrespetuoso, porque la persona es así algunas veces: por ejemplo no saluda cuando amanece de malas, pero al día siguiente saluda y se molesta porque no le contestan el saludo; fomentar un ambiente tóxico que afecta el clima organizacional; la verdad y la mentira maquillada y justificada se aceptan como iguales. Es conveniente recordar, en este sentido, lo señalado por Ortega y Gasset: “El pecado original radica en eso: no ser auténticamente lo que se es. Podemos pretender ser cuanto queramos; pero no es lícito fingir que somos lo que no somos, consentir en estafarnos a nosotros mismos, habituarnos a la mentira sustancial. Cuando el régimen normal de un hombre o de una institución es ficticio, brota de él una omnímoda desmoralización. A la postre se produce el envilecimiento, porque no es posible acomodarse a la falsificación de sí mismo sin haber perdido el respeto a sí propio”. Todas estas conductas son algunos ejemplos de irrespeto a la institución.  

Las instituciones deben promover actividades orientadas a fomentar la reflexión sobre estos temas, ya que pueden tener un alto nivel tecnológico, un soporte financiero suficiente, infraestructura adecuada, personal con buen coeficiente intelectual y preparación académica, pero esto no garantiza el éxito institucional, ya que pueden ser condiciones necesarias, pero no suficientes, ya que es imprescindible que el recurso humano desarrolle y cultive la inteligencia emocional, con un proceso que parta del mejor conocimiento que cada uno debe tener de sí mismo, con la suficiente seguridad psicológica para discutir los temas sobre la base de la verdad, en función de la búsqueda de la excelencia individual y colectiva, en un contexto permanente y respetuoso de principios y valores fundamentales.  

Para concluir, es pertinente recordar la invitación que nos hace el expresidente de Francia Nicolás Sarcozy: “Hoy debemos volver a los antiguos valores del respeto, de la educación, de la cultura y de las obligaciones antes que los derechos. Estos se ganan haciendo valer y respetar los anteriores”.

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