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COMENTARIO: Heladas, pandemias y cuentos de hadas estadounidenses sobre los derechos humanos

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Un informe publicado el 10 de febrero por The Lancet señaló que alrededor de 200.000 estadounidenses no deberían haber muerto si se hubieran tomado las medidas adecuadas

Portada Última Hora Opinión Fotos Economía Cultura & Turismo Especiales Noticias > spanish.china.org.cn | 23. 02. 2021 | Editor:Elena Yang Texto COMENTARIO: Heladas, pandemias y cuentos de hadas estadounidenses sobre los derechos humanos Palabras clave: EEUU, derechos humanos 视频播放位置

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El pueblo estadounidense está siendo azotado por una crisis tras otra: la pandemia del coronavirus hasta ahora se ha cobrado casi 500.000 vidas en el país, las tormentas de nieve han matado a unas 50 personas en Texas y otros estados del sur y han dejado a millones más enfrentando frío, oscuridad y la perturbación de la vida cotidiana.

La terrible situación ha vuelto a romper los cuentos de hadas sobre los derechos humanos sobre los que la única superpotencia mundial ha alardeado durante décadas, y ha revelado el vacío detrás de las descaradas promesas del país a sus ciudadanos.

Desde hace bastante tiempo, los derechos humanos que realmente se han preservado y promovido en Estados Unidos son los de los poderosos y los ricos. Al mismo tiempo, derechos humanos básicos como los de la vida, la salud e incluso la supervivencia de la gente común han sido desatendidos o dañados.

Tras el brote de coronavirus en el país, la anterior administración estadounidense, que debería haberse dedicado a vencer la enfermedad y salvar vidas, eligió intencionalmente minimizar la amenaza del virus mortal, difundir mentiras y desinformación y buscar trasladar la responsabilidad a otros.

El público estadounidense ha pagado un precio muy alto por la arrogancia y la ignorancia de Washington. Estados Unidos todavía ocupa el primer lugar en términos de infecciones y muertes en todo el mundo por la pandemia.

La esperanza de vida en el país se redujo en un año en la primera mitad de 2020 debido a la pandemia, y los grupos minoritarios sufrieron las caídas más pronunciadas, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU.

Un informe publicado el 10 de febrero por The Lancet señaló que alrededor de 200.000 estadounidenses no deberían haber muerto si se hubieran tomado las medidas adecuadas.

Las feroces tormentas invernales han ofrecido a los políticos estadounidenses otra oportunidad de mostrar su indiferencia por el bienestar del pueblo estadounidense.

Mientras las tormentas han provocado temperaturas bajo cero y cortes de energía generalizados en Texas, el gobierno estatal y los operadores de redes eléctricas locales hasta ahora no han logrado adelantar un cronograma para la restauración de la energía.

Algunas empresas sin escrúpulos han aprovechado para cobrar precios exorbitantes por suministros básicos de electricidad. Y mientras millones de tejanos están temblando de frío y desesperados por agua y comida, el senador del estado de Texas, Ted Cruz, voló a México para pasar las vacaciones.

Lo que es más asombroso es que recientemente el entonces alcalde de la ciudad de Colorado, Tim Boyd, publicó en Facebook que el gobierno local no tiene la responsabilidad de apoyar a la gente en medio de la crisis climática, y que “solo los fuertes sobrevivirán y los débiles perecerán”.

Si bien muestran poco interés en promover los derechos humanos de su propio pueblo, algunos políticos de Washington han convertido este asunto en una excusa para entrometerse en los asuntos de otros en el extranjero.

Fingiendo preocuparse por los derechos humanos mucho más allá de sus costas, Washington intervino militarmente en el Medio Oriente, causando enormes pérdidas de vidas humanas allí, y difamó a Beijing por presuntos abusos de derechos humanos en Xinjiang y el Tíbet para avivar las divisiones y la inestabilidad en China, y para contener el desarrollo del país.

En el famoso cuento de hadas danés, la niña de los fósforos aún podía encender cerillas para tener calor y la sensación de ser amada, aunque fueran ilusorios.

Para los estadounidenses comunes y corrientes, enfrentados a las heladas y a la pandemia, incluso esas alucinaciones están fuera de su alcance, sin embargo, tanto ellos como la niña de los fósforos viven en un cuento de hadas. 

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