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Subsecretario Miguel Eduardo Osio//
Bonos soberanos en tiempos del COVID-19

Por tanto, considerando las turbulencias observadas en el mercado internacional con la consecuente reducción de la liquidez en la economía mundial, no parece conveniente la colocación de bonos soberanos, al menos durante el primer semestre de la presente gestión. 

Oswaldo Quelali

Es economista

Cuando el mundo empezaba a respirar aires de confianza después del acuerdo comercial alcanzado entre Estados Unidos y China a inicios del 2020; después de un año marcado por la incertidumbre en torno a la intensificación de la guerra comercial, el brexit y otros; llegaron como un baldazo de agua fría la rápida propagación del coronavirus COVID-19 y el desacuerdo entre Arabia Saudita y Rusia acerca del petróleo.

Miguel Eduardo Osio Zamora

Contra todo pronóstico, estos eventos han propiciado un mal inicio de la economía mundial para este año. En las últimas semanas, los mercados bursátiles han registrado caídas cercanas al 10%, las mayores en 11 años; la manufacturera en China se ha contraído a un mínimo histórico y ha afectado a las cadenas de suministros; el precio del petróleo se ha derrumbado a niveles mínimos similares a los de hace cuatro años, llegando a $us 30 el barril; y los precios de los minerales también han disminuido. El impacto de estos fenómenos se va a traducir en recortes de tasas de crecimiento de la economía mundial y en recesión en algunas economías.

Bajo este aciago contexto internacional, en el ámbito local las autoridades del ámbito económico anunciaron una nueva emisión de bonos soberanos por $us 1.500 millones, a fin de poder mantener los equilibrios macroeconómicos. Sin embargo, la actual coyuntura económica, tanto externa como interna, en el corto plazo habría que considerar algunos factores relevantes para no incurrir en altos costos de endeudamiento. 

En los dos últimos meses se observó un fuerte incremento del riesgo país (medido por el Índice de Bonos de Mercados Emergentes) de las economías latinoamericanas, incluida Bolivia. Lo cual se traduce en un mayor costo de financiamiento externo, que el Estado tendría que asumir al momento de emitir bonos.

Otro factor que aumenta el riesgo país de las economías exportadoras de materias primas es la caída del precio del petróleo y de los minerales. Reducción reflejada en menores términos de intercambio y, por tanto, en menores ingresos por sus exportaciones. La “guerra de precios” del crudo desatada por Arabia Saudita ante el rechazo de Rusia para aplicar nuevos recortes en la producción se avizora como una constante a lo largo del año.

En el ámbito interno, las recientes rebajas de calificación de riesgo a Bolivia por parte de Fitch Ratings (noviembre de 2019) y Moody’s (marzo de 2020) han generado un desplome en los precios de los bonos soberanos con vencimiento al 2028. La negativa perspectiva calificada a la economía nacional repercute directamente en una mayor prima por riesgo país.          

No se deben olvidar los impactos de la crisis política y social que el país vivió a finales de 2019, la incertidumbre electoral y el pánico por la propagación del coronavirus sobre el crecimiento del PIB, y en particular durante el cuarto trimestre de 2019 y el primer trimestre de 2020. Esta variable es relevante para los inversionistas, porque un menor crecimiento implicaría un mayor nivel de riesgo soberano.

Por tanto, considerando las turbulencias observadas en el mercado internacional con la consecuente reducción de la liquidez en la economía mundial, no parece conveniente la colocación de bonos soberanos, al menos durante el primer semestre de la presente gestión. 

Oswaldo Quelali

Es economista.

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Miguel Eduardo Osio